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Jorge Juan Bornos

Hablándole a la música de tú

Docencia

Desde este apartado puede descargar los materiales para seguir sus clases:

Materiales de las clases de canto

Materiales de las clases de guitarra

Noticias

Cada día está más cerca el nacimiento del Coro de Gospel «Two rivers» que va a crearse en el barrio Zaidín de Granada en las próximas semanas.

Es un proyecto promovido por varios colectivos y está enfocado para los jóvenes del barrio.

Iré colgando más información conforme se vayan ultimando detalles.

Nacimiento de un crítico

Me mandaron un trabajo en la Universidad en una asignatura que tenía que enseñarme a hacer crítica musical. La primera tarea que teníamos que hacer era una descripción de mi primer recuerdo musical para a partir de ahí encontrar la forma en que entiendo la música y el estilo con el que puedo hablar de ella.
Debió ser ahí donde pensé por primera vez que debía dedicar tiempo a estudiar el carnaval infantil (no recuerdo si fue ahí donde decidí crear este perfil, si pensé en un blog…)
Los trabajos se leyeron en voz alta (el mío no). Había trabajos de dos tipos, la mayoría eran experiencias escuchando música por la radio y también había algunos que recordaban experiencias ligadas al conservatorio, a la mal llamada música culta.

Mi trabajo fue este:

“No puedo marcar un recuerdo como primera vivencia musical, ya que no es uno, sino que son dos los momentos que marcan la llegada a la música en mi vida.
Podría enumerar ambos recuerdos para salir del paso si respondieran a una secuencia, sin embargo se presentan ambos con la misma claridad, concreción y por supuesto, con la misma importancia.
Esto no quiere decir que no haya un suceso más importante que otro, pero ¿qué clase de lógica utilizo para decidirlo? Uno acaece de día, el otro se da de noche; uno está delimitado en el tiempo, el otro aparece muchas veces (muchas noches)… uno es en verano, otro en invierno; ¿o uno es en invierno y otro en verano?
Lanzo una moneda al aire que establece el orden, así tenemos el primero y el otro.

El primero se presenta con la fuerza que tiene un recuerdo cuando ha sido registrado en “betamovie” y reproducido una y otra vez en cada acontecimiento familiar donde alguien dice: ¿y aquel día que…? Sin embargo, sucedió un día concreto, con independencia del número de veces que haya sido reproducido.
Estábamos mi hermano y yo en el patio de nuestra casa, en una de aquellas piscinas azules de patas que sostenía en el interior agua y niños felices; tan felices como mi hermano y yo aquel día, cantando el popurrí de la chirigota que debió ganar el concurso de Cádiz aquel año.
Yo cantaba, mi hermano repetía y ambos percutíamos el filo de la piscina con unos listones que estaban allí para algo más que dejar una impronta que ha seguido deteriorando la piscina a través de los años y que seguían ahí cuando la piscina fue jubilada hace unos años cuando ya no quedaban más primos por heredarla.

El otro recuerdo no necesitó ser grabado para ser recordado.
Habíamos terminado de cenar. Sobre la mesa debimos dejar los cacharros, supongo que con los refregones que solían quedar tras engullir a la ligera aquellos huevos pasados por agua que tanta energía tenían que darnos o aquellos filetitos de hígado con puré de patatas por los que abogaban las madres a mediados de los ochenta (decían que eran buenos para el cerebro).
Mi padre llegó desde la salita, no había cenado con nosotros porque estaba muy ocupado en esos días. Tanto mi hermano como yo sabíamos a lo que venía: “que viene la murga, aire, aire”, nos dijo.
Los dos salimos corriendo hacia la escalera, dejando el sitio exacto para que pudiera pasar el “maestro de la murga” que venía bailando y acompañándose con onomatopeyas que recordaban el compás de la barrica y el redoblante característico del Carnaval de Bornos. Subimos como todas las noches, como muchas noches después y como muchas hiciéramos antes.
Un pasacalles por la escalera, en ese elemento que en las películas de miedo suele ser el centro de atención, pero que para nosotros era el paso de un compás a otro con la dificultad añadida de nuestras piernecitas.
Mi hermano el pobrecito se tenía que ayudar con las manos para no perderse en la retahíla, para poder empezar el siguiente compás sobre un nuevo escalón…”

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